Pelayo recibe una visita que no pasa desapercibida en ‘Sueños de libertad’.

Darío, un antiguo amor, aparece para interesarse por su situación justo cuando él atraviesa uno de sus momentos más complicados, marcado por la presión de don Pedro y la idea cada vez más cercana de marcharse a México.
Durante la charla, Pelayo se abre como pocas veces. Reconoce que no está bien y que se siente atrapado por las decisiones que ha tomado, especialmente por haber seguido los consejos de don Pedro.
Darío, lejos de reprocharle nada, se muestra cercano y preocupado, decidido a no dejarle solo en un momento tan delicado.
De ese apoyo surge una propuesta clara: salir de la casa de la Reina y despejar la cabeza. Al principio, Pelayo se resiste, consciente de que cualquier gesto puede ser observado, pero finalmente acepta. Ambos deciden irse a cenar juntos fuera, con la idea incluso de pasar la noche si todo va bien y nadie sospecha.
El problema llega antes de lo esperado. Justo cuando están a punto de marcharse, María se los encuentra y presencia la escena. Pelayo improvisa una explicación rápida, presenta a Darío como un antiguo compañero de la facultad y justifica la salida con una cena en Toledo.
Aunque María se muestra correcta, su reacción deja un poso de duda. Las preguntas, el gesto serio y la forma en la que se despide hacen pensar que no se cree del todo la versión que le han dado. ¿Empieza María a sospechar que entre Pelayo y Darío hay algo más?
Este encuentro añade tensión a ‘Sueños de libertad’ y coloca a Pelayo en una posición incómoda. Si María decide tirar del hilo, el secreto podría no tardar en salir a la luz, complicando todavía más su situación.