El esperado retorno de Ángela y Curro a ‘La promesa’ ha marcado uno de esos momentos que redefinen el rumbo de la serie.
Tras varios días ocultos en una humilde casa de pastores, ambos cruzan de nuevo las puertas del palacio, cansados, debilitados, pero unidos por una experiencia que los ha cambiado para siempre. Su llegada no solo alivia la angustia de algunos, también despierta tensiones que estaban latentes y que ahora amenazan con estallar.
La primera en reaccionar es Leocadia, incapaz de contener la emoción al reencontrarse con su hija. El alivio es inmediato, aunque pronto se transforma en preocupación al comprobar el estado físico de Ángela.
Alonso, por su parte, intenta recomponer la situación con calma, interesándose por la salud de la joven y ordenando que reciba atención médica y alimento. El palacio vuelve a llenarse de vida, pero también de silencios incómodos y miradas cargadas de significado.
Curro, consciente de la gravedad de sus actos, da un paso al frente y se enfrenta a su padre con una sinceridad poco habitual en él. Reconoce el disparo, admite el error y asume su culpa, dejando claro que nunca quiso causar daño.
Sus palabras no buscan excusas, solo comprensión. Alonso, sorprendentemente contenido, decide aplazar cualquier reproche y le da la bienvenida, priorizando el regreso de la familia por encima del conflicto.
Ángela no duda en defender a Curro. Ante las insinuaciones sobre la dureza de la vida que ha llevado fuera del palacio, ella es tajante: si ha salido adelante ha sido gracias a él.