-
Darío: Hola Marta. Pensé que seguirías en Málaga.
-
Marta: Sí, pero estoy trabajando en Madrid en una comisión de servicio.
-
Darío: Leí en la prensa la noticia de la dimisión de Pelayo. ¿Está bien?
-
Marta: También habrás leído que le han ofrecido un cargo diplomático en México.
-
Darío: Es una buena oportunidad para él para ampliar allí sus negocios hoteleros. ¿Puedes ser sincera conmigo, Marta?
-
Marta: ¿Qué te hace pensar que no lo estoy siendo?
-
Darío: Bueno, porque yo conozco a Pelayo y sé que él jamás dimitiría de un puesto por el que ha renunciado a todo, a no ser que hubiera una causa de fuerza mayor. No sé, Marta. Sabes tan bien como yo que Pelayo ha renunciado a su felicidad para estar donde está. ¿Qué ha pasado?
-
Marta: Darío, no me parece apropiado darte esas explicaciones ahora mismo.
-
Darío: He intentado hablar con Fina antes de venir, pero me han dicho en la tienda que hace meses que se fue. Y es una pena. Ella habría entendido mi preocupación perfectamente y no me ocultaría lo que está pasando.
-
Marta: Yo no soy ella. Aunque, como ella, pensé que tendríais un futuro juntos, Pelayo y tú. Te recuerdo que fue él quien decidió acabar con vuestra relación. Darío, hubiese sido mejor que no vinieses a Toledo.
-
Marta: Hay gente que nos quiere mal y que está dispuesta a cuestionar la naturaleza de nuestro matrimonio. Así que Pelayo no se puede permitir que nos vean juntos.
-
Marta: Parece ser que esa amenaza desaparecerá si nos vamos del país. Por eso te voy a pedir que dejes a Pelayo tranquilo, por muy difícil que te resulte. Por favor.
-
Darío: Está bien, descuida. Intentaré no causaros ningún problema. Gracias.